No hay duda que la tecnología digital llegó para resolver la vida de muchos, pues el internet, las plataformas y aplicaciones nos hacen una vida más fácil, no sólo dentro del trabajo, sino en nuestra interacción con la familia, las compras, pagos y un sinfín de actividades.

La realidad es que la era digital nos tiene atrapados para bien y para mal, ya que parte de nuestra cotidianeidad depende de un aparato móvil, estamos conectados prácticamente 16 ó más horas del día y ya casi nadie duerme ocho horas diarias.

En materia de trabajo, los teléfonos móviles, las laptops y las tabletas, así como las aplicaciones que pueden integrarse a estos equipos gracias al internet, han revolucionado el contexto.

El 2020 no es la excepción, pues con la pandemia el mundo se paralizó y cambiaron los sistemas de socialización persona a persona debido a la cuarentena obligatoria. 

Así, las tecnologías de la información y la comunicación permitieron a una parte de la sociedad seguir trabajando, estudiando, comprando, reuniéndose, entreteniéndose…, pero a través de las redes sociales.

Sin embargo, esa oportunidad no sólo tiene ventajas, también desventajas. Una ellas, que ahora menos que nunca separamos la casa del trabajo, de la escuela y de cualquier otra actividad que pueda realizarse mediante un móvil o una computadora.

Otra, es que cada vez tenemos menos privacidad y más si compartimos lo que hacemos en las redes: el desayuno, las clases, el “home office”, la reunión familiar, la hora de dormir, etcétera, aunado a que todas nuestras búsquedas, contraseñas y conversaciones están guardadas en los equipos. 

Por otro lado, los beneficios de digitalizar nuestra vida es que gracias a ello es posible seguir trabajando en la cuarentena, dando clases, asistiendo a la escuela, teniendo juntas de negocios, presentando proyectos vía internet y mucho más.

Sin embargo, es importante que cuidemos lo que compartimos en redes, la manera en que nos expresamos, en que juzgamos a otros, las opiniones que damos y sobre todo si le damos cabida a los compañeros, jefes o subordinados de trabajo a nuestra vida digital.

Cabe decir que las empresas siempre revisan las redes de su equipo laboral y, de hecho, hemos visto que gente ha perdido su empleo por algo que publicó en redes o por distraerse con ellas en horas laborales.

Por ende, cuidar nuestra reputación laboral significa ser responsable con las redes, no se trata de perder la libertad de expresión, sino de ser más celosos con nuestra vida privada, respetarnos y respetar a los demás, así como evitar situaciones que nos lleven a poner en riesgo nuestro trabajo por ese tipo de cuestiones.

Muchas empresas están comenzando a darse cuenta del problema y a buscar soluciones que favorezcan a sus empleados.

En Google, por ejemplo, hacen que sus empleados se desconecten de los electrónicos digitales y bloquean las cuentas laborales en los días de descanso y fines de semana, lo que evita que estén atendiendo cosas de trabajo en casa.

Otras empresas organizan jornadas especiales de desintoxicación digital para sus ejecutivos para evitar la adicción tecnológica.

Es bueno que mantengamos la vida virtual, laboral y familiar un poco separadas, donde a cada aspecto le demos su lugar, su tiempo y su atención, y mantener una relación saludable entre ellas.

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